Cuento de fiesta
La fiesta es en un local unido a un estudio. Miro a mi alrededor y veo a amigas que se drogan y beben y después señalan con el dedo al que se droga y bebe demasiado. Me veo a mi misma entre esas amigas. De camino me he tomado un hongo. Lo veo todo igual pero con más brillo. Estoy en el estudio dentro del local, es decir, estoy en una parte del local que no consideran parte del local porque han decidido cambiarle el nombre, llamarla estudio, quitarle las bombillas, esparcir espejitos circulares por el suelo donde han escrito rayódromo con un rotulador fluor, y, de ese modo, han creado una división que ellos mismos han denominado cielo-e-infierno, y que han señalizado con unos cartelitos clavados en el marco de las puertas. Una persona que no sé quién es pero tiene pinta de escultora o de galerista, me dice: que estés aquí, en el estudio, dice mucho sobre tí. —¿Ah, sí? —Refleja la segmentación de lo visible y lo invisible que caracteriza tu forma de relacionarte....



