narciso kitkat
He cubierto todos los espejos de mi casa. Ayer una amiga me llamó narcisista. Le dije que estaba equivocada. El narcisista es poeta y se contempla en un estanque cristalino. Cómo voy a ser yo esa flor si vivo en un mar de cemento y ladrillo y raíles de metro. Si trabajo y voy al gimnasio y dono sangre. Si no duermo porque todas las noches escucho el tren pasar. Si escucho jazz africano y voy a fiestas donde bailo con gente y ahora que lo dices el otro día en una de esas fiestas creo que conocí a mi vecino. No sé si era él. No le conozco. La cosa es que el tren no pasa enfrente de mi casa sino de la suya. Eso fue lo que él me dijo. Se quejó del ruido. Qué pesado. A nadie le interesan sus problemas. Y además, ¿quién se ha creído?, es evidente que en mi casa retumba más que la suya. Mi cama vibra más que mi dildo, y, de todas formas, no sé por qué le conté esto a mi vecino. Es feo y bajito y no me interesa. Nadie me interesa. Tengo demasiados problemas, demasiados traumas, demasiados libros a mis espaldas, y no me interesa nadie que no sea yo misma. Todo lo que me rodea soy yo misma. Cuando voy por la calle sé que me rodean cabezas de colores, calvas, con gorritos, a cuadros, puestas y descompuestas, pero yo sólo veo una.
A veces hago un ejercicio, intento pensar en lo que piensan los demás. Pero no me sale. Entonces hago el mismo ejercicio pero al revés. Pienso: ¿en qué pienso?
¿Pienso en lo que le preocupa al director de Marketing de Coca-Cola? No.
¿Pienso en cómo le sabe el helado a esa señora calva con pendientes rojos que pasa en frente de mí? No.
¿Pienso en cómo se encuentra mi amiga la cual —y eso lo sé porque me lo ha dicho— sólo piensa en Gillettes y serpientes de cascabel y puentes muy pronunciados? Tampoco.
Entonces, ¿en qué pienso?
Miro a la persona que está sentada al lado de mí, enfrente de mí, detrás de mí. En ellos seguro que no pienso.
Si todo lo que me rodea soy yo misma, todo lo que me rodea soy yo.
Soy la corteza de ese árbol.
Soy la lente de esa cámara.
Soy el pis de ese perro.
Soy esa bolsa de Zara pero más inteligente y más humana y con más valores.
¿Qué soy? ¿Quién soy?
Soy un iced latte, soy unas zapatillas de adidas, soy lo que como y cómo me visto y soy lo que pienso y soy insegura.
Soy una vela que baila sola ensimismada autocompasiva mientras bailo me abrazo los hombros y me digo qué bien lo has hecho, cuánto has sufrido y qué lista y qué guapa y qué bien me ha caido esto que llevo encima. Creo que ya estoy curada, que ya estoy preparada, en cuanto llegue a casa voy a quitar las sábanas y las toallas y las telas voy a despejar todos los espejos y voy a mirarme y voy a asomarme y voy a precipitarme sobre ese cristal.


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