Boli bic

Mi padre se sacaba la cera con la tapa del boli bic. Yo hago lo mismo. Hurgo y después limpio la tapa con el borde de la camiseta. A veces hurgo hasta que me sale sangre. A veces me meto el dedo en la nariz. Si pudiera metería el dedo en las tetas de la gente. Para saber qué piensan, cómo se sienten.

Me han obsesionado tres personas en mi vida, las tres comparten la arrogancia, la apatía y la inseguridad. Me pregunto si ellas también se meten el dedo, cada cuánto se lo meten. 

Yo nunca me lo meto ahí. Me da miedo no llegar.  

¿O se trata de otra cosa? Me aterra la idea de que pueda existir, la felicidad. Si existiera y me la cruzara por la calle, saldría corriendo. No me fío ni de un regalo de cumpleaños. El otro día una persona me escribió: tengo muchas ganas de estar contigo. No me lo creí. Escucho voces que me dicen que la gente es mala, envidiosa. En cuanto pueden te la meten por detrás. En cuanto pueden te clavan una navaja por el culo. Escucho voces que me dicen que soy demasiado escéptica, demasiado hater. 

No se atreven a llamarme amargada. 

No todo el mundo es malo.  

No todo el mundo te la quiere meter. 

Eso me dicen algunos.

Pero. 

No me fío ni de mis propios dedos.

Me toco los dedos y me corto.

Son los navajazos que te clavaron en la tripa. 

Son los folios que me dejan en carne viva cuando me pongo cachonda. 

Son la estampa de mi resentimiento. 

Son estrategias de protección. 









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