Los silencios no son mudos
Que difícil es oír ladridos mudos, campanas quietas o tormentas de Atacama. Pero no siempre se necesita ruido, entonces no tendría sentido escuchar a la conciencia.
Perderían sentido los autoconsejos y los buenos valores. De lo mudo y sencillo se puede aprender. Aunque el riesgo no se esconde por siempre, pues el sigilo es mas afilado que la espada de Damocles.
Hacia tiempo que no me hablaba el silencio. Me volvió a plantar cara, mas le di la vuelta a la moneda. Esta vez fue aire de inspiración y no de lamento. Repescar conclusiones de las mojadas, dejar atrás las ahogadas. Vale la pena intentarlo, aunque solo sea por enorgullecer. Por qué íbamos a anclarnos en palabras sin habla, esas que de mucho decir, dicen mas bien poco. Mejor dejar que el aire acompañe, como a la falda de una princesa de saldo. Un aire que te deja llevar sin ataduras. Sin embargo, te da en que pensar. Ya que los silencios nunca quieren ser los que guarden tanto que perder. Ellos siempre ganan, al menos fieles compañeros, amigos de la soledad, la sana. Dejar de solo ser, hay que saber escoger. Para mal acompañarse, solo aprende uno mejor a conocerse.
Serán mis afonías las que me han enseñado que los silencios van a acabar por llevar bozal. Habrá que guardar el hielo, si bien ya hacía tiempo que nadie lo rompía.
2015

Comentarios
Publicar un comentario