Puntos a partes
Las inflexiones hay que saber cuidarlas, como las heridas de la
pata de un gallo. Comas que interrumpen un discurso apasionado, de esos que te
tirarías horas acariciando. Hay que saber tratar a esas damas, que no siempre
interfieren, a veces ayudan a conducir. Algunos pensarían que se alargan como
los puntos de suspensión pero realmente son puentes a una historia mejor.
Aunque se trata de pasarelas más
delicadas que un hilo de seda y nos vienen mandando tarea, (tendremos que
aprender a coser). Puntos, comas y cojas palomas se cuelan en nuestros ojos
para hacernos ver mejor que unas lentes graduadas. Nos brindan con copas de
papel la oportunidad de conocer nuevas medusas y mares escondidos. Tejiendo un
terreno nuevo, que no se aleje de tierra firme, encontramos interrogaciones con
lunares. Si aprendemos a convertir esos lunares en rayas horizontales,
caminaremos por bosques de bonsáis. Sin embargo, aclarar nuestros ruegos y
preguntas es tarea de ingenieros o de buenos escaladores. La cresta de la
montaña es sencilla de pasear, lo trabajoso es llegar a conquistarla.
Mantenerse en pie tampoco será sencillo, nunca se sabe si uno se encuentra
sobre la cresta de un gallo, de la que solo se puede salir saltando. Incluso
sobre la cima de una ola, con manguitos y una caña de pescar.
En todo caso, llegar airoso es misión posible, solo es necesario
algo de codicia y entusiasmo, también sería conveniente llevar arnés y ser
equilibrista. El punto y final aún está por anunciar.

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