Puntos a partes

Las inflexiones hay que saber cuidarlas, como las heridas de la pata de un gallo. Comas que interrumpen un discurso apasionado, de esos que te tirarías horas acariciando. Hay que saber tratar a esas damas, que no siempre interfieren, a veces ayudan a conducir. Algunos pensarían que se alargan como los puntos de suspensión pero realmente son puentes a una historia mejor. Aunque se trata de pasarelas más delicadas que un hilo de seda y nos vienen mandando tarea, (tendremos que aprender a coser). Puntos, comas y cojas palomas se cuelan en nuestros ojos para hacernos ver mejor que unas lentes graduadas. Nos brindan con copas de papel la oportunidad de conocer nuevas medusas y mares escondidos. Tejiendo un terreno nuevo, que no se aleje de tierra firme, encontramos interrogaciones con lunares. Si aprendemos a convertir esos lunares en rayas horizontales, caminaremos por bosques de bonsáis. Sin embargo, aclarar nuestros ruegos y preguntas es tarea de ingenieros o de buenos escaladores. La cresta de la montaña es sencilla de pasear, lo trabajoso es llegar a conquistarla. Mantenerse en pie tampoco será sencillo, nunca se sabe si uno se encuentra sobre la cresta de un gallo, de la que solo se puede salir saltando. Incluso sobre la cima de una ola, con manguitos y una caña de pescar. 
En todo caso, llegar airoso es misión posible, solo es necesario algo de codicia y entusiasmo, también sería conveniente llevar arnés y ser equilibrista. El punto y final aún está por anunciar.


2014 

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