Cómo ojeando miradas se rayó el iris
Acompañaban su mirada,
Que sin remordimientos,
Desplumaba a las palomas.
Los gatos buscaban con ansia
Alcantarillas para refugiarse.
Los transeúntes
Estaban dispuestos
A caminar marcha atrás,
Con tal de no cruzar
Sus descompuestas miradas
Con esos rayos de anti-luz.
Sin embargo, esos ojos
Estaban cerrados y,
En realidad,
Eran de color verde.
Empleaban su tiempo en
Nadar por cajones de imaginación
Llenos de calcetines de distintos colores.
Calcetines que no encontraban a su pareja,
Como los iris negros azabache,
Tampoco encontraban
Miradas de complicidad.
Esos rayos, un día impar
Se dieron cuenta que
Hablaban en otro idioma.
Una dialéctica
Bien distinta a la de los demás mortales.
La sorpresa fue ingrata,
Tanto como descubir
Que la inocencia
No dura para siempre
O que la tierra no es plana.
Tristes, cerraron de nuevo el telón,
Para sumergirse de nuevo
En la oscuridad de su imaginación
E intentar descifrar
Qué idioma habían inventado
Que ni sus ojos, ni ella conocían.
Ni las palomas, ni los transeúntes,
Ni los gatos.

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