De cuando me reí, me desperté más vulnerable que nunca, y me acosté riendome de nuevo
Huyendo de una felicidad simplista, me dispuse a darme de bruces contra muros de neblina. Buscaba reecontrar esos carretes velados que esconden recuerdos de noches auto-censuradas. Noches de decisiones espontáneas que conducen a mañanas cabizbajas. Ese afán de lucro con ánimo de hedonismo me sonaba mejor que nunca...
Duró poco. Primero me atrapó una distracción más perversa que una telenovela, después vino un ciclón y tuve que seguir la senda sin gasolina para regresar. Más tarde, cuando pude parar a repostar, conduje a 200km/h hacia el estío. Finalmente llegué a tiempo para la siega, donde pude por fin disfrutar como los niños al sol.
Ahora con la llegada del otoño, las hoces del Duratón se hacen cada vez más estrechas. Intento lanzar una coz, pero no me doy cuenta de que soy la última de la fila. Parezco el burro amarrado en la puerta del baile... (me entra la risa). Luego pienso que hariamos bien en escuchar y observar un poco más, pues al final no había visto al auténtico Último de la fila, que tenía una guitarra y pregonaba:
"Si tengo ganas de bailar, ¿Para qué voy a esperar?"
Al final mi anhelo de hedonismo y las letras de los artistas iban a tener más sentido del que parecía. Ya por los sesenta nos lo venía avisando Françoise Hardy cuando cantaba:
"On se dit qu'à vingt ans
On est le roi du monde
Et qu'éternellement
Il y aura dans nos yeux
Tout le ciel bleu"
Seguiremos informando...

Gran escrito y buena música, enhorabuena!
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