Las carcajadas de Catalina

Por si la volvíamos a ver volar hacíamos turnos rotativos. Cada investigador se sentaba en un costado del barco y vigilaba casi sin pestañear. Surcábamos el estrecho de Macasar buscando una especie única que había hallado Frank durante su expedición a la isla de Borneo cinco años atrás. Pero aquel pterosaurio de huesos delgados ya nos daba igual. Ahora, a quien buscábamos era a Catalina, hija de Toni, el ornitólogo más veterano del grupo. En un descuido, se había escapado y se había subido a lomos de aquel dragón de alas membranosas. Una niebla rojiza nos impedía verla pero aún podíamos oír sus carcajadas. 





Comentarios

Entradas populares