me acuesto

Me acuesto con mi propia voz. 

Sorteo idioteces, falacias, calumnias. 

Mi amiga vuelve de un retiro. Me dice: hay que escuchar al prójimo. Yo miro hacia arriba, después al cáliz que sostengo en la mano, y pienso: al otro, al mismo que no miras, que no miramos, porque huele fuerte y pincha y está arrugado como un papel de kitkat, con ese mejor taparse la nariz y seguir descendiendo por las escaleras que nos llevan al sephora, ibiza, y nos masajean los pies con la mantequilla de las tostadas francesas que nos enseñan nuestras manos, y aunque te metas la mano en el bolsillo, no lograrás escuchar, le digo, aunque rompas ese espejo, no lograrás escuchar, le digo, porque llevamos unos tapones blancos que nos ponemos cuando salimos a bailar y preferimos no mirar a nadie porque nos da vergüenza que nos vean estas dos paelleras que escondemos detrás de nuestras pantallas que nos sirven para tapar el sol que aquí dentro no llega porque son las 4 de la mañana y estamos en el baño haciendo garabatos sobre nuestra tarjeta de la universidad en la que estamos matriculadas a pesar de tener treinta años porque ahí nos enseñan a pensar y no queremos dejar de pensar porque necesitamos tener una opinión que publicar, una opinión que dejar en aquellas redes que pertenecen a reyes que también pintan garabatos y la única diferencia que existe entre nosotros es que ellos lo hacen sobre una tarjeta plateada que pesa mucho, pero por lo demás, llevan las mismas pantallas y bailan para sacarse la contractura de encima, aunque existe otra diferencia, las pantallas con las que ellos se sacan la contractura de encima llevan estampitas, plegarias, que les dicen no sabes, no eres, no vales, y cuando sus ojos se fijan en ellas y les piden y les ruegan y se ensañan y entonces dicen ¿que no? y sus ojos se ensanchan más y más y más y en lugar de jugar al fútbol, mezclar acuarelas, o hacer portés, llevan a cabo campañas presidenciales, construyen túneles y llegan hasta el infinito a bordo de rotuladores con los que después se pintan la cara y salen a las 5 por la televisión y a las 7 en el baño público donde nos encontramos otra vez y adivinamos que ellos, como nosotras, también se acuestan con su propia voz.


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